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21 abr 2015

Una sazón más dulce para los amantes de las hierbas aromáticas

LA MONTSERRATINA LANZA CHORIZO CON SABOR A HINOJO TIPO ITALIANO

En este segundo trimestre de año, el sabor de los chorizos de La Montserratina se amplía para dar paso a una sazón  más dulce. Según Rafael Sandia, gerente de mercadeo de la marca, “el chorizo con hinojo tipo italiano se introduce en el mercado venezolano con el objetivo de ofrecer un producto con características funcionales especiales que además pueda usarse en momentos y ocasiones de consumo no tradicionales”. El hinojo  es una   hierba aromática de amplio uso en el área que posee propiedades para facilitar la eliminación de grasas y ayudar a una mejor digestión
           
 “En esta ocasión, queremos diversificar el portafolio y dar un valor agregado al parrillero y al ama de casa. Estudiamos varias opciones y nos orientamos por el chorizo tipo italiano. El hinojo le da un sabor dulzón, anisado, diferente a la sazón tradicional que hace un equilibrio perfecto con el sabor del chorizo. Es una excelente opción para cocineros y amantes de las brasas que desean diferenciar sus platos con un sabor y aroma especial,” afirmó Sandia.

Estos embutidos vendrán presentados en un empaque al vació de cinco unidades. Tendrán respaldo a través una campaña publicitaria que comunica su origen italiano y formas de uso: a la parrilla o a la pizza ¡Molto Bouna! “Por ser un sabor típico de Italia, conecta con la amplia colonia de italianos y europeos en Venezuela. Este producto va muy bien a la parrilla pero también es ideal para servir como ingrediente principal en pizzas o como condimento de salsas para pastas,” enfatizó el vocero.
           
Este nuevo chorizo con hinojo tipo italiano estará disponible para la venta desde ya, a través de las principales redes de supermercados y frigoríficos de todo el país. 

Fuente: Comstatrowland, C.A.

18 oct 2010


“¿Puede la publicidad vender un mal producto?”



De un amigo publicista escuche decir un día: “Es cierto que una mala campaña publicitaria puede matar un buen producto; pero también es cierto que una buena campaña publicitaria no puede vender un mal producto”. Esto podría sonar desde cierto punto de vista como un argumento defensivo ante resultados poco exitosos luego de un lanzamiento (en la actualidad el 75 por ciento de los lanzamientos fracasa). Sin embargo, la frase, bien analizada, es una verdad a medias, pues una publicidad “efectiva” sí puede vender un mal producto… ¡al menos una vez! Lo que no logra es la “recompra” o la conversión a la nueva marca como habitual. Esto se debe a que al final el consumidor tiene siempre la última palabra, y el consumidor no es para nada “lento”, más bien está cada día mejor informado y con más alternativas para su elección.

En investigación de mercados, al realizar el seguimiento de un lanzamiento, se evalúan aspectos como el nivel de recordación de las marcas (¿se logró alcanzar al mercado meta a través de los medios utilizados?, ¿la publicidad fue memorable?), el nivel de prueba (¿el mensaje transmitido en la publicidad generó interés por probar el producto en el consumidor?) y la recompra (¿la prueba del producto generó satisfacción o no en el consumidor?) Es precisamente el último elemento mencionado el que define el desempeño del producto “per se” para el consumidor. Si el producto no logró satisfacer las expectativas, el consumidor no repite la compra; si lo logró, tenemos un producto con oportunidad de éxito.

Lo que realmente define la efectividad de la publicidad del lanzamiento es la recordación de marca y la generación de la prueba (se motivó una compra inicial del producto o servicio, se logró que el cliente potencial lo probara). Si no hubo recompra del producto, implica que el desempeño del mismo no impactó lo suficiente, pero eso ya no es un problema de la publicidad, es un problema de producto.

Obviamente no es lo mismo que la compra realizada haya sido de un chocolate que costó Q10, a que la compra haya sido la de una casa o un vehículo. En este tipo de productos, de precios altos, el costo de la “primera prueba” del producto resulta muy caro, pues si el producto no llegó a satisfacer sus expectativas, igual deberá quedarse con el mismo por un período de tiempo largo, y como diría cierto “caballero de triste figura” en alguna ocasión: ¡Aguantarse! Similar a lo que nos ha sucedido no pocas veces con la publicidad política: se desarrolla una más o menos buena campaña, nos venden promesas atractivas y creíbles, nos convencen, elegimos y luego nos damos cuenta de que el “producto” no era lo que nos pintaron. Finalmente debemos tragarnos un Gobierno que no era lo que esperábamos, por lo menos por cuatro eternos años.

Sí, la publicidad puede vendernos un mal producto… ¡Al menos una vez! Eso, claro, si como consumidores aprendemos de nuestras malas elecciones de compra del pasado.